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Cómo no saben discernir el tiempo presente

Cómo no saben discernir el tiempo presente



Jesús dijo a la multitud:
Cuando ven que una nube se levanta en occidente, ustedes dicen en seguida que va a llover, y así sucede. Y cuando sopla viento del sur, dicen que hará calor, y así sucede.
¡Hipócritas! Ustedes saben discernir el aspecto de la tierra y del cielo; ¿cómo entonces no saben discernir el tiempo presente? Lucas 12, 54-59

Esta frase del evangelio nos puede sonar como a un regaño, y bueno, en realidad así lo fue para los habitantes de Jerusalén. Y como regaño, pues resultaría poco apropiado para estos tiempos de navidad y de fin de año en el que solo están permitidas las frases de buenos deseos, que a veces resultan demasiado repetitivas y vacías de sentido.
El punto es que cuando Jesús va llegando a la ciudad de Jerusalén y contemplándola no puede contener su llanto por todo lo que desde allí ve? Lc. 19,41-44 lanza la misma pregunta anterior de una forma muy similar: "¿Por qué "no has reconocido el tiempo ni la visita de tu Dios??

Celebramos que Jesús llega a nuestro mundo ahora con la navidad? ¿Qué vería Él en nuestras ciudades hoy? ¿Qué vería en nuestras vidas? ¿Se alegraría o estaría triste?

Podemos imaginar la escena. El Señor estaba a punto de entrar en Jerusalén. Era su último viaje a la ciudad santa. Con él iban sus discípulos. Al llegar a un punto del camino desde donde se podía admirar el panorama del esplendor y grandeza toda la ciudad, se detuvo y pudo ver la proximidad de los días inminentes de su pasión y muerte, y así se sintió sobrecogido por un gran abatimiento que llevó a esta amarga declaración: "no has reconocido el tiempo ni la visita de tu Dios".

Esta amarga observación de Jesús se convierte para nosotros en una pregunta para nuestro HOY: ¿será que nosotros hemos podido reconocer ahora, en este tiempo de pandemia, la visita del Señor? Aquí llegó la Navidad; el Señor ha venido a visitarnos, otra vez. La liturgia, nos invita a salir de una pura conmemoración histórica, nos dice: "Hoy sabrán ustedes que el Señor vendrá y nos salvará, y mañana contemplarán su gloria? (Ex.16,6-7) "Hoy una hermosa luz ha descendido a la tierra." Pero ¿De qué me sirve que Cristo haya nacido una vez de la S.V. María en Belén, si no nace por la fe ni siquiera en mi corazón? ¿Dónde debe nacer, sino en tu corazón o en tu alma?

Reconozcamos que Jesús ha nacido hoy, para que hoy renazcamos a una nueva vida. Necesitamos un renacimiento. Llevamos todo un año atascados con este virus tan fastidioso como invisible. Ahora que estamos pasando por este gran pico de su virulencia vamos a abrirnos a la novedad. Cristo viene. ¡Reconozcamos eso! Postrémonos ante él. Nos pide que hagamos este tiempo nuevo, tiempo tan doloroso y complejo.

Reemplacemos el miedo por la confianza. Al dolor de la enfermedad o muerte de un pariente o amigo ponemos la alegría de nuestra fe en el Señor nacido, muerto y resucitado por nosotros.

Dentro de las divisiones sociales desatadas por el virus, a menudo poniéndonos uno contra el otro, que prevalezca el sentido de unidad y colaboración y la conciencia de que todos estamos en la misma barca". Que hoy más que nunca la solidaridad es la consigna de esta famosa NUEVA NORMALIDAD, necesitamos responsabilizarnos unos de otros

La pandemia no nos ha impedido hacer ese pesebre en nuestra casa, en nuestra iglesia parroquial, en nuestro vecindario, hemos encendido lucecitas por todas partes en nuestra casa, pero sobre todo necesitamos hacerlo en nuestro corazón. ¡Y que permanezca a lo largo del año! Porque este signo, estas figuras son un reclamo: ¡detente! párate y admira el amor de Dios:

¿Cómo no podría amarte cuando me has amado tanto? ¿cómo no podría estar agradecido cuando Dios me ha dado tanto?

Me amas tanto que diste tu vida por el pueblo que no te reconoció y que te condenó. No puedes imaginar un amor más grande que esto. Has pagado por mi salvación con tu vida.

Que estos sean los pensamientos para este tiempo tan contradictorios, pero llenos de enorme potencial para una renovación personal y comunitaria y para el renacimiento de nuestra vida eclesial y social. Inspiremos más valor y transformación con nuestros esfuerzos personales y sociales.

Que este sea también mi deseo de una Navidad renovada y renovadora, esperanzada y duradera para todos, y que se prolongue durante todo el año 2021.

P. Roberto Guzmán



EN LA PERSPECTIVA DE UN FUTURO INCIERTO, NO APAGUEMOS LA ESPERANZA DE QUE TODO CONTRIBUYE AL BIEN PARA LOS QUE AMAN AL SEÑOR

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